Lo que nunca debí publicar Archives - Fernando Vazquez Rigada https://renovacion.fernandovazquezrigada.com/category/lo-que-no-debi-publicar/ Blog Sun, 17 May 2020 21:50:22 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.7.2 230432060 A FERNANDO https://renovacion.fernandovazquezrigada.com/2020/05/17/a-fernando/ Sun, 17 May 2020 21:50:22 +0000 https://fernandovazquezrigada.com/?p=5176 Fernando Vázquez Rigada.     El negro Kuri fue un gran amigo de la familia. Era libanés. Era jarocho. Y era, bueno, negro.   Eso hacía que tuviera una alegría innata, contagiosa. Pero su veta árabe lo hacía temperamental.   Amaba la salsa. Le gustaba particularmente el Gran Combo de Puerto Rico. Vivió de la […]

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Fernando Vázquez Rigada.

 

 

El negro Kuri fue un gran amigo de la familia. Era libanés. Era jarocho. Y era, bueno, negro.

 

Eso hacía que tuviera una alegría innata, contagiosa. Pero su veta árabe lo hacía temperamental.

 

Amaba la salsa. Le gustaba particularmente el Gran Combo de Puerto Rico. Vivió de la rumba sus últimos años, gracias a una palapa con grupo en vivo: “Latinos”. Cuando la cosa se ponía buena, el negro hervía de felicidad: asaltaba la tarima. Cantaba. Usaba una botella vacía de peñafiel como flauta.

 

Pero cuando el feroz viento del norte golpeaba la costa del golfo, Latinos se vaciaba.

 

Una tarde de alguna posada navideña fue el caso. Solo estaba ocupada nuestra mesa y alguna más. El grupo tocaba “Las hojas blancas” del Combo. EL negro subió y cantó. Al final se sentó. Observó la pista vacía y rompió en llanto. Dijo:

 

-Qué triste ver este lugar solo.

 

Negro, jarocho y árabe.

 

Otra noche, última del año, puse una canción del Gran Combo, Andy Montañez en la voz: Vagabundo.

 

El coro reza: “Que no se pierda mi hijo, que no se pierda, no”

 

El negro cantaba y lloraba, la mirada perdida en el horizonte.

 

Me reí.

 

Hoy Fernando cumple 18. Significa que entra en la mayoría de edad.

 

Es decir: deja legalmente de ser niño. Física y emocionalmente, dejó de serlo hace un rato.

 

Identifico rasgos míos en él. Sus ansias de vivir. Su ímpetu. Su audacia. Inteligencia por pulir. Generosidad.

 

También veo mi sombra en la suya: la mordida del rencor. La arrogancia. La tendencia a medir poco las consecuencias cuando se atraviesan a un sueño.

 

También, sé que tiene la tentación de esa suerte de purgatorio que es la bohemia y el vino. Camino que, por un lado, le da sentido a la vida pero que, por otro, puede devorarla.

 

Y la ambición: esa que es un motor o una condena.

 

Le llegó su turno. Deja la barrera y baja al ruedo.

 

A partir de ahora, sus decisiones determinarán lo que será. Estaremos, Marcela y yo, siempre con él, claro. Pero esa edad indica que arranca su faena. Hasta aquí, lo vivido fue la nuestra: buena o mala.

 

Vienen las decisiones clave. Qué y cuanto estudiar. Las amistades que fortalecen o destruyen. Los amores que determinan la felicidad. La compañera con quien decidimos andar la vida hasta extinguirla. Elegir entre la virtud demandante de sacrificio o el defecto que invita a la levedad pero termina consumiéndote sin que te des cuenta porque, en tu caída, no cesa de repetirte al oído:

 

-Puedes ser peor.

 

En fin. Comienza su vida.

 

Entenderá que el destino no es otra cosa que las decisiones que tomamos y ejecutamos. Decidir es reflexionar y optar. Por tanto, decidir sin reflexionar es arrebato. Decidir sin ejecutar, ilusión. Ejecutar sin decidir, sumisión.

 

Ahora me gustaría pensar que hice todo lo que estuvo en mis manos para ayudarle a ser feliz.

 

Ese, decía Borges, es el sentido último de nuestra vida. Es cierto, pero agregaría que es ser feliz con los demás, nunca a costa de ellos.

 

Nadie es humano solo y el camino solo tiene sentido si se hace en compañía. Estos días oscuros -escribo tras dos meses de encierro por una pandemia- nos motivan a volver sobre nuestros pasos y a recuperar valores extraviados como la empatía, la solidaridad, la compasión.

 

Uno tiene la obligación de vivir: cosechar sonrisas, triunfos; derrotas y cicatrices; besos y desengaños. Tener la ilusión de incubar sueños y la entereza de desecharlos.

 

Vivir es un oficio que demanda siempre algo: ejercerlo.

 

Me gustaría decirle: mucha suerte. Vive tu vida: jamás la de nadie más.

 

Hoy, cosas del destino, me levanté con ganas de oír al Gran Combo.

 

Haciendo ejercicio llegó la canción: Vagabundo.

 

Me acordé del negro. Me acordé tanto.

 

Y también quise llorar.

 

 

Mayo 15, 2020.

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EL ALEBRIJE https://renovacion.fernandovazquezrigada.com/2015/12/01/el-alebrije/ https://renovacion.fernandovazquezrigada.com/2015/12/01/el-alebrije/#comments Tue, 01 Dec 2015 17:25:37 +0000 http://fernandovazquezrigada.com/?p=4490 Por Fernando Vázquez Rigada   A la memoria de Rafael Olvera Carrascosa I   El día más triste es cuando los recuerdos se apagan. Cuando el fuego se consume. Cuando el mar se aleja. Cuando el amor se acaba. El día más triste es cuando el pañuelo se seca y ninguna mano aprieta. Cuando media […]

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Por Fernando Vázquez Rigada

 

A la memoria de Rafael Olvera Carrascosa

I

 

El día más triste es cuando los recuerdos se apagan. Cuando el fuego se consume. Cuando el mar se aleja. Cuando el amor se acaba.

El día más triste es cuando el pañuelo se seca y ninguna mano aprieta. Cuando media cama está tendida. Cuando ya ni el frío nos pega. Cuando los acordes no suenan.

El día más triste es cuando cae la trinchera. Cuando se bajan las banderas. Cuando los párpados se acuestan.

El día más triste es cuando a tu compañera la nombras “Soledad”. Cuando no hay ni un alma que salvar. Cuando arrumbas la dignidad en un desván. Cuando no hay pendientes que desahogar.

El día en que, sin quererlo, sin intuirlo, sin advertirlo, el burel te atraviesa y te cortas, para siempre, la coleta.

 

II

 

Conocí a Rafa hace, no sé, 14 o 15 años. Entró a mi oficina con esa sonrisa franca y abierta que daba calor de inmediato. A partir de ahí fuimos amigos.

Compartíamos, entonces, funciones de gobierno. Él se encargaba de administrar un fideicomiso de apoyo empresarial. Yo atendía la política de la Secretaría. Un día, mientras él negociaba la compra de terrenos ejidales para erigir el Parque Industrial Santa Fe, cerca del Puerto de Veracruz, un ejidatario, portavoz del grupo minoritario, salió a medios a acusarlo. Dijo que les engañaba. Que les ofrecía migajas por su tierra. Que incumplía. Era falso. Pero la libertad es así: todos tienen derecho a decir su historia. Lo mejor fue el final:

-Se llama Rafael Olvera, pero no es un funcionario, ni un negociador, ni es nada. Es un alebrije.

Voces maledicentes, que siempre me han acosado, han esparcido la venenosa especie de que suelo poner apodos. Calumnias. En este caso, salí a defenderlo a medios. El asunto se cerró, pero el sobrenombre se perpetuó: el alebrije.

 

III

 

Contaba una historia que le gustaba. Al terminar nuestra función pública, se emprendieron diversos ataques contra la administración de Miguel Alemán, hechos por aquellos que, hasta hoy, han saqueado sin misericordia ni pudor a Veracruz. La mayoría optó por guardar silencio. Nosotros no. Defenderíamos nuestro nombre y nuestra integridad, nada que esconder en el clóset. Juramos:

-Nos morimos en la raya.

Ahí nos terminamos de hermanar.

 

IV

 

Era generoso hasta el exceso. Tenía una bondad que no le cabía en el abrazo. Cuando mis cosas no iban bien, pesaroso siempre un arranque, él me invitaba a comer. Me regalaba libros. Me daba peliculas.

Fue siempre amigo firme en las horas frágiles. Esas, en las que más se necesitan brazos.

 

V

 

Cuando al fin se divorció, la emprendió con galanura y testosterona contra todo aquello que se movía. Temible su carisma, su chispa, su alegría.

Una tarde, en una fiesta de matrimonios, cayó en el escándalo. Al parecer, no tejió bien el consenso con una amiga en común y casi le abofetean. Las indagatorias posteriores, inconclusas, concluyen que, desafortunadamente, no sólo había sido un consenso frágil: no había consenso en absoluto. El alebrije había lanzado un ataque demoledor por sorpresivo. Sorpresivo y, a la postre suicida.

Lo hizo frente a nuestras esposas. El eje del mal en pleno lo condenó al ostracismo, inútil la explicación absolutamente razonable del alebrije: había tropezado y por un infortunio había caído en las piernas de la dama. Radicalizada la ira hasta cegar la comprensión, mutilada en el grupúsculo de mujeres la credulidad, el eje del mal lo condenó. Sólo un amigo, Manuel Del Rosario, el Gran Maese, se atrevió a asumir la ingrata posición de defensor de oficio. Dió igual. Expulsado.

Hablé con él.

-Tendrás que desparecerte unos meses, hasta que amaine la tormenta.

Pactamos, otra vez. Nos veríamos, una vez al mes, sólo hombres, en el Llagar.

 

VI

 

Fui a sus informes como director de la facultad de Contabilidad y Administración de la UV. Supe de su trabajo. De su vocación. De su cercanía. Los maestros lo reconocían. Los alumnos lo admiraban. Todos lo respetaban.

Cuando el país se descompuso, opté por dar un ciclo de conferencias. México estaba destinado a morir si todos callábamos. El primer paso del deceso de un país es la conformidad. Titulé mi conferencia “Lo que queda de México”: era un llamado a la indignación, al grito, a la acción.

Tomando todos los riesgos, con bravura, me abrió las puertas de la UV, embravecido el ambiente estudiantil por Ayotzinapa. La universidad, si deja de ser abierta, deja de ser universidad. Llegaron, desconfiados, los muchachos que encabezaban el movimiento de los 43. Uno de sus líderes, lamento no saber su nombre, me felicitó en público cuando terminé y arengó a la mayoría pasiva a actuar en favor de la justicia en un país que la ha olvidado. Olvera se llevó un gran aplauso.

No era sólo un director. Era un líder.

 

VII

 

La última vez comimos un viernes en el Llagar. Descorchamos dos botellas de vino, orgánico, del Valle de Guadalupe. Compartimos ese invento maravilloso: la mesa. Hablamos de todo y de nada. Reímos de las mismas historias que habíamos oído veinte, treinta veces. Nos confiamos secretos. Discutimos. Nos regañamos. En fin: refrendamos en los hechos esa complicidad, esa tolerancia, ese cariño y ese calor al que llamamos amistad.

Escanciada la segunda botella, apelé a mi costumbre. Con la boca soné la trompeta del cambio de tercio. Llegaron los fuertes. Un amigo de él había muerto recientemente, fulminado sin clemencia por un infarto seco, inapelable. Jarocho, le dije:

-Muerto Juan, eres el que sigue. Ya oigo a los zopilotes.

Xalapeño, me soltó, como tantas veces:

-Pinche Vázquez, ya te habías tardado.

Reímos. La muerte es siempre una imposibilidad, hasta que llega.

Poco después dijo voz en cuello: ” !Váaaaaamonos!” que anunciaba el final de la comida y me llevaba, por el antebrazo del recuerdo, a la estación de Veracruz donde se anunciaba la partida del tren que me llevaría a México siendo un niño.

Quedamos de vernos en la primera oportunidad. Ya no llegó. Quedó pendiente hasta nuevo aviso.

 

VIII

 

La muerte lo seguía hace tiempo. Una vez, hace unos años, regresando de México encontré cerca de Perote lo que quedaba de su carro. Era un acordeón. Un trailer lo había embestido por atrás y lo había catapultado hacia el auto de enfrente. No quedaba nada, salvo los asientos delanteros. Un milagro. Una coincidencia que yo hubiera pasado dos minutos después. Tras el susto, brindaba el Alebrije:

-Volví a nacer.  !Sólo que igual de parrandero!

Años después tuvo un serio percance que le hizo caer y golpearse el cráneo. Estuvo muchos días hospitalizado en México. Lo fui a ver a un hospital de Santa Fe. Me dolió mucho su condición. Su recuperación fue, otra vez, milagrosa.

Tras penosos días de terapias, volvió al ejercicio, cerró un ciclo tremendamente productivo en la UV, compitió para ser presidente del club Britania, y fue nombrado Director de Desarrollo Económico en Xalapa. Supo levantarse de aquel accidente con mucha paciencia y garra. Tenía mucho amor por la vida, entendida, como todos, a su manera.

Cuando brillaba, le llegó una cita inesperada.

La tercera fue la vencida.

 

IX

 

Rafa vivió su vida. Como la canción de Sabina que tanto nos gustaba, derrochó la bolsa y la vida. Supo del suelo y también del cielo. Era talentoso y con una vocación inagotable para generar a su alrededor afecto.

Entre tanta tristeza da gusto ver que se marcha entre tanta gente que lo quiso. Debe ser lindo que, cuando llega tu final, antónimo de Gatsby, lleguen tantos a decirte adiós.

No hay palabras para despedir a un amigo. Hoy me parece que Dios nos da pruebas de su existencia cuando coloca a tipos excelentes como Rafa en nuestra ruta. ¿Para qué queremos más que eso?

Tenemos, él, Zamora y yo, una comida pendiente. Llegará, algún día. Descorcharemos otro Valle de Guadalupe y pondremos al Alebrije al día de todo lo que ha ocurrido desde su partida. Invitaremos a Del Rosario, aunque no pague. Celebraremos lo que juntos fuimos, lo que somos y lo que, -¿quién sabe?- seremos.

Volveremos, algún día, a estar juntos.

Qué bueno que así sea. El día más triste es cuando ya no tienes pendientes que desahogar.

Iré a la cita, puntual, cuando en mi sueño escuché su llamado:

-Vámoooooooooonos.

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EL TENIENTE https://renovacion.fernandovazquezrigada.com/2014/11/05/el-teniente/ Wed, 05 Nov 2014 15:45:28 +0000 http://fernandovazquezrigada.com/?p=4043 Lo llamamos Héctor, por descarte. Estuvimos proponiendo, mi esposa y yo, alternadamente, nombres. Habíamos llegado al acuerdo que tendría que haber coincidencia de ambos. Un veto eliminaba la propuesta. Casi agotamos todos los nombres. Me preocupé cuando mi esposa comenzó con un recorrido histórico: Emiliano, Venustiano, Maximiliano. Yo vetaba, cada vez con mayor angustia. A […]

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Lo llamamos Héctor, por descarte. Estuvimos proponiendo, mi esposa y yo, alternadamente, nombres. Habíamos llegado al acuerdo que tendría que haber coincidencia de ambos. Un veto eliminaba la propuesta.

Casi agotamos todos los nombres. Me preocupé cuando mi esposa comenzó con un recorrido histórico: Emiliano, Venustiano, Maximiliano. Yo vetaba, cada vez con mayor angustia. A este paso, íbamos a terminar en Acamapinchtli.

Acamapinchtli Vázquez Avila. No me latía nada.

De pronto, surgió: Héctor. Ese era.

Héctor tardó en caminar. Solía gatear con gran agilidad. Con todo, más que gatear le gustaba arrastrarse. Se sostenía con los codos y así avanzaba. Tipo pecho a tierra. De ahí salió su mote, que mantiene hasta la fecha: “teniente”.

El teniente porta orgulloso su grado. Un día un amigo lo quiso ascender a Capitán. Héctor se negó. Teniente era y seguiría siendo.

Fuimos a Boston. Le dije que me gustaría que conociera Harvard. Me preguntó:

-¡Ah, la universidad donde estudiaste¡

-No. La universidad en la que vas a estudiar.-Reviré.

Puso ojos de plato, pero asumió el reto con ecuanimidad.

Hace unas semanas volvimos a Boston. Tomamos un paseo en un transporte anfibio de la Segunda Guerra Mundial. El “duck”. Cuando entramos al río, el guía cedió el mando a los turistas. El teniente se apuntó para conducirlo. Micrófono en mano, el guía comenzó a entrevistarlo. Nombre, nacionalidad. ¿Primera vez en Boston? ¿A dónde iban a ir de visita? Contestó, gallardo, el teniente:

-A Harvard. Ahí voy a estudiar.

El guía alzó las cejas y dijo, como buen gringo:

-¡Uuuoooouu¡ ¡Muy bien¡ Y se puede saber, ¿qué vas a ser de grande que vas a ir a Harvard?

Categórico, el teniente refrendó su vocación:

-Futbolista.

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La Verde https://renovacion.fernandovazquezrigada.com/2014/06/30/la-verde/ https://renovacion.fernandovazquezrigada.com/2014/06/30/la-verde/#comments Mon, 30 Jun 2014 23:48:25 +0000 http://fernandovazquezrigada.com/?p=3785 LA VERDE Por Fernando Vázquez Rigada. Ayer volvimos a perder. Como siempre. Como nunca. He padecido el fútbol nacional desde hace décadas. Conozco este sabor amargo a derrota. Las lágrimas de mis hijos cuando se marca el penalty fatal. El derrumbe en el minuto final. Las calles vacías. Perdimos. Como siempre. Como nunca. Karl Sagan […]

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LA VERDE

Por Fernando Vázquez Rigada.

Ayer volvimos a perder. Como siempre. Como nunca.

He padecido el fútbol nacional desde hace décadas. Conozco este sabor amargo a derrota. Las lágrimas de mis hijos cuando se marca el penalty fatal. El derrumbe en el minuto final. Las calles vacías.

Perdimos. Como siempre. Como nunca.

Karl Sagan dijo en un libro maravilloso, Miles de millones, que las competencias deportivas representaban siempre una mezcla de orgullo, de simbolismo, de representación de una unidad geográfica y social. Son importantes porque nos identifican ante los demás.

Tenía razón. El deporte es la competencia en donde unos cuantos representan a millones. Se lucha. Se suda. Se comulga.

Perdimos como nunca. O como siempre. Pero jamás había visto una selección, como la de ayer, que no padeciera ese escalofrío mortal que es el miedo. No recuerdo una transformación vital así: pasar de ser vergüenza a inspiración nacional. No recuerdo una cosecha de ilusiones a partir de un primer juego. Ni creer posible empatarle a Brasil en Brasil. Ni una sociedad que se uniera, que soñara, que se abrazara en entusiasmo.

No recuerdo que nos fijáramos una meta tan alta y que creyéramos, juntos, poder alcanzarla. Ni cantar que hay que saber llegar, pero que se puede llegar primero.

Rescato esa lección seminal. Hubo una especie de depresión por la derrota. Ni hablar. Pero, ¿si hubiéramos ganado? ¿Qué sería hoy de México? ¿Soñaríamos en derrotar a Costa Rica? ¿En llegar a la semifinal? ¿Enfrentar, por qué no, a Alemania y derrotarla en la final?

El juego no es un juego ni se acaba en 90 minutos. Ese es el punto.

México fue capaz de verse a sí mismo grande. Digno. Entusiasta. Pujante.

No somos menos que eso. No merecemos menos que eso.

Vi, antes, las calles con gente que portaba orgullosa una camisa, la verde, que miraba a los demás como cómplices de un gran logro nacional. Vi banderas en las calles, sin ser septiembre.

Vi el orgullo recuperado. La victoria en las pupilas. La posibilidad de amanecer diferentes.

El juego es la fe que pueden despertar los grandes momentos colectivos de inspiración. Aspirar a ascender a dónde antes ni siquiera nos atrevíamos a mirar.

El nombre del juego no es fútbol. Es México. Y México es una idea común y un destino compartido. Uno que puede ser como nosotros estemos dispuestos a soñarlo, a imaginarlo, a construirlo y a protegerlo.

Por eso digo que ayer perdimos, sí. Como siempre. Pero, ojalá, como nunca. Hoy, lunes, ha empezado otro juego. No te quites la verde. Que esto apenas comienza.

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Mi padre https://renovacion.fernandovazquezrigada.com/2014/06/15/mi-padre/ Sun, 15 Jun 2014 08:00:01 +0000 http://fernandovazquezrigada.com/?p=3693 Por Fernando Vázquez Rigada Cuando era pequeño, nada me podía pasar si mi padre estaba conmigo. Me protegía. Me abrigaba. Me sostenía. Me gustaba acurrucarme a su lado y sentir sus brazos. Sus cosquillas.4 Jugábamos. A los abogados. Después de comer y antes de su siesta. Yo me ponía un saco verde, para estar ad […]

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Por Fernando Vázquez Rigada

Cuando era pequeño, nada me podía pasar si mi padre estaba conmigo. Me protegía. Me abrigaba. Me sostenía. Me gustaba acurrucarme a su lado y sentir sus brazos. Sus cosquillas.4

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Jugábamos. A los abogados. Después de comer y antes de su siesta. Yo me ponía un saco verde, para estar ad hoc. Tendría unos cinco o seis años. Me daba papeles y yo los llevaba a otro cuarto. Ahora entiendo que era más office boy que abogado. Debe haber sido, para él, mi papá, un juego aburridísimo. Pero eso es, lo sé ahora, la paternidad: hacer feliz al otro en la mejor época de la vida: la infancia. Educar compartiendo. Respetando. Corrigiendo.

Por esa edad le hice una confesión: me gustaba mi maestra de preprimaria, Jane. Británica. “¿Qué es lo que te gusta?” La describí: grande, güera, ojos azules. Rematé con un argumento irrebatible:
-Tiene unos melonzotes.
Mi papá rió, me abrazó y me aconsejó:
-Muy bien. Nada más no le digas lo último a mamá.

Por mi padre aprendí el valor del sudor y el trabajo. Me ennoblece mi origen. Mi padre y mis tíos sufrieron un tipo de orfandad muy doloroso y terrible: el abandono. Un mal día, mi abuelo se fue en busca de un amor que terminaría por destrozarlo. Dejó atrás, sin voltear, una vida y cinco hijos. Por eso mi padre tuvo que trabajar mucho y desde hace mucho. Vivían en una casa de madera atrás del puente del puerto de Veracruz. Él, para llegar a la escuela, tenía que ir y regresar a pie, cuando a menudo no había para tranvía.

Provengo del coraje, del trabajo, de superar la adversidad a golpe de talento. Ese es mi origen. Por eso pienso que soy de la nobleza: no la monárquica, que desprecio. Vengo de la nobleza humana, a la que admiro y a la que me abrazo.
Un día nombraron a mi papá delegado en Sonora. No dejó un fin de semana de volar al DF para vernos el fin de semana. Uno solo. Así aprendí que, en ocasiones, las actitudes de amor hablan más que las palabras y que el sacrificio define el grado de afecto.
He sido un hombre afortunado. He tenido el privilegio de tratar, conocer o escuchar personalmente a mucha gente admirable. A quien más admiro, con todo, es a mi padre. Soy afortunado por tener a un hombre como él a mi lado.
De él aprendí la lección más importante de mi vida: siempre será más fácil defender tu dignidad que recuperarla. Ha sido siempre un hombre digno y decente.

Sus regaños eran temibles y antológicos. Siempre ejerció su autoridad, en lo privado y en lo público. Una noche, junto con un amigo cuyo nombre omitiré por lo pronto, nos salvamos por minutos de una redada que mandó mi papá, que clausuró y detuvo a todos los asistentes de un lugar de esparcimiento en la zona rosa de reputación dudosa pero de ambiente garantizado: “El Fronterizo”. Mi amigo y yo salimos, de suerte, minutos antes.

Le debo mucho, en especial dos amores que me definen: la música y la lectura. Me adentró en el mundo inagotable de los acordes y, estando yo en quinto de primaria, me llevaba cada semana un fascículo de la Enciclopedia de la Segunda Guerra Mundial. No fue un esfuerzo menor: fueron 163 entregas. Desde entonces no he dejado de leer, de querer aprender.

Aún hoy, tras tanto, me siento a escuchar su consejo. A veces él pide el mío. Somos amigos y cómplices. Maestro y alumno. Padre e hijo.

A su lado me sigo sintiendo protegido, igual que desde hace 45 años. Me siento valorado. Comprendido. Admiro su responsabilidad, su coraje, su decencia, su decoro.

Hace unos años, en mi cumpleaños, mis papás me regalaron algo excepcional. En una caja venía el saco verde. No pude hablar. La garganta se cerró y la mirada se nubló. Lo guardaron años, así como yo he preservado años ese recuerdo: el mejor que tengo en la vida.
Gracias por todo, papá. Ha sido un privilegio ser tu hijo.

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La traición https://renovacion.fernandovazquezrigada.com/2014/05/13/la-traicion/ Tue, 13 May 2014 08:00:35 +0000 http://fernandovazquezrigada.com/?p=3536 Por Fernando Vázquez Rigada Hay momentos que quedan inscritos para siempre en la historia de la infamia. Son aquellos que nos hacen paladear el amargo sabor de la traición. De la sicuta. Del desengaño. Soy un melómano. Mi vida es música. Antes que hombre, fui acorde. Cuando supe que iban los Van Van a México, […]

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Por Fernando Vázquez Rigada

Hay momentos que quedan inscritos para siempre en la historia de la infamia. Son aquellos que nos hacen paladear el amargo sabor de la traición. De la sicuta. Del desengaño.

Soy un melómano. Mi vida es música. Antes que hombre, fui acorde.

Cuando supe que iban los Van Van a México, de inmediato convoqué a un escuadrón jarocho/chilango, hice reservaciones en Mama Rumba y nos alistamos. Al grupo habanero lo he seguido por, al menos, dos décadas: desde que mi padrino, Salvador Ibargüen, me introdujo en el mundo fascinante del songo. Lo tengo todo: sus discos. Videos. Playeras. Martiricé a un mozalbete por meses hasta que me consiguió uno de sus últimos discos, incomprable en México, Estados Unidos ni Canadá. Pedí a mi segundo que fuera de avanzada a la Habana -que visitaríamos para montar una expo de Veracruz- porque -oh Dios, gracias- los Van Van tocaban en la Habana, salón Galiano, la noche de nuestra llegada oficial. Misión: asegurar mesa. Me he sumergido en las corrientes pantanosas de la piratería para conseguir lo que alguien ha grabado en vivo y ha puesto a la venta (!FBI, detenedme ya!)

Llegamos, pues, al Mama Rumba. Mi esposa con férula en el pie. Zapato bicolor, yo. Como mandan los cánones, carajo.

Tapón en la entrada y cadenero inflexible. Exigía consumo mínimo y nosotros, mesa. No había acuerdo y el lugar se llenaba. Un camarada -cuyo nombre omitiré por él gozar aún de las mieles de la segunda alternancia- llegó de manera oportuna.

-¿Cuál es el problema?

Responde el cadenero, sin poner su mirada en nosotros sino en el horizonte, el puño en el metal que divide el purgatorio del cielo.

-Tanto de consumo por mesa.

– Mándanos cinco botellas, para empezar. Reviró el camarada con esa firmeza de los tipos-que-saben-lo-que-quieren. !Magia! Se derrumba la cadena. Vamos pa adentro.

Mayito-RiveraAhí estaba, junto a la mesa: en persona. Rastas. Lente oscuro en cuarto oscuro. Negra la piel, blancos los dientes y la ropa: Mayito Rivera. Entonces uno de los cuatro cantantes de Van Van. Platicando con unos amigos. El paraiso mismo.

Comienza el concierto. Explosivo. De locura. La pista hierve. Ebulle la sangre. Bailo, saco mis pasitos domingueros, canto, grito. Bailo solo, Marcela imposibilitada por su lesión. Mi camarada pide más botellas. No importa, ya. ¿Pa qué trabajó uno, chingao?

Bailo más. Un fedallín junto a mí reta mis habilidades bailando con dos mujeres al mismo tiempo. Error craso. Jamás retar a un jarocho en su terreno.

Me acerco a mi mesa. Más hielo al vaso. Sirvo ron…y entonces la siento. Algo hiela la sangre. Desata el escalofrío. Seca el paladar. Es la mirada de mi esposa. Filosa. Penetrante. No me queda más remedio y, con gallardía, volteo. Cinco palabras secas me abofetean:

-¿Ya te vas a sentar?

Hay momentos que definen la vida. Los que no permiten medias tintas. Sé es o no. Punto. Son los que nos señalan para siempre. Los que el espejo no perdona.

Toda la dignidad se juega en un segundo. Respondo, viril:

-Sí. Cuando se acabe el concierto -camino tres, cuatro pasos. Volteo para el estiletazo final-: Nadie viene a ver a Los Van Van para estar sentado.

¿Así o más clarito?

Termina el concierto en una apoteosis de trombones, violines, timbales. Estoy resignado: me tocará desayunar sopa de trompa. El perdón me costará. ¿Cuánto? Ya veremos.

fernando-vazquez-blogA la salida, ocurre el milagro. Ahí están. Dos suburbans. Puertas abiertas. Negros, mulatos, subiendo. Y solo, frente a mí, Robertón, otro de los cantantes de Van Van. El de La Cabeza Mala. El negro Guayacán. El que antes fue vocalista de Pachito Alonso.

Es, sin lugar a dudas, el destino. ¿Quién más? Encuentro histórico. La Habana y Veracruz se funden. El sonero y el charro negro, solos, en la penumbra de la noche.

Le pido una foto. Amabilísimo, accede. Me identifico como vanvanero. Le recuerdo una noche del 2004 que coincidimos como clientes en el Gato Tuerto de la Habana, donde cantamos boleros.

Sonreímos y posamos.

Mi esposa toma la foto inmortal.

Me despido, la emoción enredada en la garganta. Ha sido una noche redonda.

Ya en el carro le pido a Marcela:

 – !Déjame ver la foto!

Sonríe. Saca su celular. La busca. Se sorprende. Alza las cejas y encoge los hombros. Espeta:

-!Uy! La borré.

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La trova de mi madre. https://renovacion.fernandovazquezrigada.com/2014/05/09/la-trova-de-mi-madre/ Fri, 09 May 2014 08:00:41 +0000 http://fernandovazquezrigada.com/?p=3515 por Fernándo Vazquez Rigada Se me acercó y me dijo, con ese tono cómplice, travieso y limpio de la infancia: -Mira estos botones: son de oro. Llévate unos en la bolsa. Mi hermano tenía razón. Oro puro sobre el plástico. Dorados. Deslumbrantes. Apantalladores. Había más, a granel: rojos, ámbar, de cristal. Nos llenamos las bolsas. […]

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por Fernándo Vazquez Rigada

Se me acercó y me dijo, con ese tono cómplice, travieso y limpio de la infancia:

-Mira estos botones: son de oro. Llévate unos en la bolsa.

Mi hermano tenía razón. Oro puro sobre el plástico. Dorados. Deslumbrantes. Apantalladores. Había más, a granel: rojos, ámbar, de cristal. Nos llenamos las bolsas. Al otro día mamá nos reconvino. Interrogatorio y confesión: los habíamos tomado de Liverpool. “¿Los pagaron?” Preguntó, como el gallego, nomás para hundirnos porque sabía la respuesta. Ese mismo día nos llevó a la tienda. Nos forzaba a devolver el botín. La riqueza malhabida siempre se esfuma. Fue mi hermano el que enfrentó a la vendedora, como debía ser: era el mayor (unos 6 años, entonces) y también el autor intelectual. Mi madre le sugirió, seguro con un pellizco inapelable, la declaración:

-Venimos a devolver estos botones porque los robamos. Somos unos ladrones.

 

No pudo terminar la frase ni yo hacer nada, salvo llorar. Lloramos ambos, juntos, por primera vez. El llanto que provoca la vergüenza. El dolor de saberte extraviado. Reconocerte en algo que no eres, que no quieres ser.trova a mi madre
Fue un momento determinante en mi vida. Por mi madre no soy un ladrón. Un corrupto. Un soez. La decencia se educa.
Aún hoy, después de tanto, su abrazo me conforta. Su sonrisa me colma. Su regaño me corrige.
Por mi madre no soy un cobarde. Me ha enseñado que la adversidad se ve de frente. Que la única batalla que puede ganarse es la que se lucha: que si no se gana, al menos queda la satisfacción de haberlo intentado. A ella le debo, en parte, mi lindo carácter.
El año pasado enfermó, sin mediar alerta previa. Conocí entonces la fragilidad de la vida y el amargo sabor del infortunio. La certeza de que el final siempre está ahí, esperándonos paciente. Vi como caía su pelo junto con mi alegría.
Todo ha pasado. Hoy está bien: feliz y sana. Pero la lección queda. El afecto y su expresión no debe jamás posponerse.
Por si un día, sin aviso, debo marcharme, quiero que queden estas palabras, que serán las huellas de mi paso por aquí. Le debo un agradecimiento. Por la vida. Por enseñarme que en este viaje uno tiene la obligación de ser lo que es. Por arrullarme. Por levantarme cuando he caído. Por alejarme de lo que pudo destruirme. Por pemitirme ser lo que elegí. Por la Banda Dominguera. Por las nalgadas. Por los guisos. Por el amor. Por el respeto.
Ha sido un privilegio ser su hijo. Verme en sus ojos y verla a ella en mis hijos.
Si mi mamá fuera canción, sería una trova: que lo mismo te convida a pensar, que te enamora; que te arenga o te auxilia a reencontrar la paz. Una canción profunda y contradictoriamente humana.
Esto es algo que, efectivamente, no debí publicar hoy. Debí hacerlo hace mucho tiempo atrás.

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Texto non sancto https://renovacion.fernandovazquezrigada.com/2014/04/28/texto-non-sancto/ Mon, 28 Apr 2014 08:00:24 +0000 http://fernandovazquezrigada.com/?p=3470 POR FERNANDO VAZQUEZ RIGADA No creo en la tiranía del carisma ni en la dictadura del conformismo. Tampoco en los juicios populares. Somos libres porque pensamos y porque podemos expresar lo que pensamos. Gracias a una maestra inolvidable, Analía Fernández, amo a la historia desde muy joven. La historia me llevó a la filosofía y, […]

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POR FERNANDO VAZQUEZ RIGADA

No creo en la tiranía del carisma ni en la dictadura del conformismo. Tampoco en los juicios populares. Somos libres porque pensamos y porque podemos expresar lo que pensamos.

Gracias a una maestra inolvidable, Analía Fernández, amo a la historia desde muy joven. La historia me llevó a la filosofía y, esta, al conocimiento. Tengo una certeza antigua: entre más sabes, menos católico puedes ser.
Quien conoce la historia universal, la de México; quien se ha sumergido en las aguas oscuras de la historia del poder, no debe, no puede creer en la santidad de la iglesia.

Hoy hay dos nuevos santos. Los hay porque la iglesia necesita, con urgencia, figuras. Ejemplos que le acerquen nuevos adeptos. Jóvenes. Escépticos. Y los hay porque su ascenso tenía que ser pronto: la ONU investigaba la participación de Juan Pablo II como presunto encubridor de sacerdotes pedófilos.

Francisco, un Papa ejemplar, entendió, también, una lección básica: el poder no se comparte, se ejerce. La enseñanza vino del propio Dios, que todo perdona, salvo eso: que le disputen su hegemonía. Por eso no hubo perdón para Lucifer. Por eso Nabucodonosor pasa de rey a bestia. La sombra de Juan Pablo II pesa sobre cualquier Papa. Por eso canonizar a Juan Pablo II era un imperativo pero también, había que ponerle límites: se le iba a canonizar, pero no solo. Se recurrió a Juan XXIII, para mandar el mensaje que Juan Pablo es importante, pero es uno más. Para conseguir este objetivo político, Francisco ordenó exonerar a Juan XXIII de cumplir un segundo milagro. Fast track, pues.

Bueno. No tanto. Don Juan tuvo que esperar 51 años para su ungimiento. Pero los milagros políticos no pueden esperar a que lleguen los milagros celestiales. Así que la canonización de Juan Pablo II se cocinó en microondas: en 9 años muerte, beatificación y canonización. Apenas se apagaban los cirios de su funeral cuando ya lo candidateaban para, mínimo, beato. Contrasta con el pobre Juan Diego quien, pese a estar en contacto con la mismísima Virgen del Tepeyac tuvo que esperar la friolera de 500 años para que se convencieran que, sí, tenía los méritos para ser Santo. Un milagro, en promedio, cada 163 años: quien lo manda a ser indio.

A Karol Wojtyla, en cambio, las encuestas lo favorecían masivamente. Le benefició la llegada de un sucesor anti climático: Benedicto XVI. El carisma arrollador de Juan Pablo II, su cercanía con los pueblos del mundo, sus gestos como orar en mezquitas o sinagogas, lo hicieron un Papa único: accesible, humano, atento. Fue el primer Papa tocable: tanto, que casi le cuesta la vida. Aún así, tuvo el gesto admirable de enfrentar a su agresor y perdonarle.

papa-y-reaganPero Juan Pablo II fue, sobre todo, un político: un político formidable. Gorbachov dijo que, sin él, el mundo actual no sería lo que es. No exageraba. El Papa polaco llegó a un acuerdo con Reagan para utilizar la red de iglesias católicas en Europa del este para infiltrar dinero, propaganda y armas al mundo comunista. Su palabra fue más que una oración: fue un mazo. Uno que demolió la frágil estructura de poder comunista. Su operación política le debió a millones la libertad.

 

pap3-300x168En su credo, pese a su sencillez, fue conservador y devastador. Arrasó a la oposición interna dentro del catolicismo, encarnado en los representantes de la Teología de la Liberación. Roma los pulverizó. Además, se opuso con firmeza a cualquier reforma posible. Su antecesor lo había intentado y, al parecer, no le había ido nada bien. Juan Pablo II se acercó al tercer mundo, pero no acercó a la iglesia a la pobreza y a la necesidad. A cambio, le ofreció a los creyentes un gran espectáculo: canonizó 594 personas y beatificó a 1,341: más que todos los beatificados y canonizados en el siglo XX.

Lo inexcusable, sin embargo, no es eso. Es su rol como cómplice. Wojtyla fue el artífice de la mayor operación de encubrimiento en favor de pederastas de la historia de la humanidad.

pap2Durante su largo Papado (26 años), miles de niños fueron abusados sexualmente por sacerdotes. La lista la encabeza Marcial Maciel, el fundador de los Legionarios de Cristo que fue acusado de violar al menos a 9 miembros de la Congregación: al ex rector de la universidad Anáhuac, entre otros. La Legión no fue el final del escándalo: fue el inicio. En Alemania, el entonces Cardenal Ratzinger y posterior papa Benedicto XVI, encubrió la violación de cientos de niños. En Australia, la propia iglesia bajo el Papa Francisco ha admitido 620 violaciones, aunque se alegan más de mil. En Irlanda: 413 casos. Los Ángeles, 508. Boston, 712. Nueva York, 212 niños sordos abusados por un solo sacerdote. Brujas, 1 niño abusado.

La respuesta de Juan Pablo II fue triple: pagar, callar y encubrir. A nadie se excomulgó. En 1997, una serie de víctimas de Marcial Maciel publicaron una carta abierta dirigida a Juan Pablo II denunciando sus abusos. Nada ocurrió. Maciel abandonó la dirección de la Legión sólo 7 años después.
Fue ésta la pauta de actuación del hoy santo. Muchos acusados fueron reubicados. Reincidieron. Otros protegidos. Otros, retirados por vejez.

Plausible deniability: así llaman en Estados Unidos a la salida de emergencia para los mandatarios en operaciones secretas e ilegales. La negación plausible. Saber pero no saber. Autorizar pero no explícitamente. Conocer el fin pero no los medios. Asentir sin dejar ningún documento.
Eso hizo Juan Pablo II. Esa es la triste defensa del Vaticano hoy. Juan Pablo II no sabía lo que todos sabían.

childNo sabía nada, pero ahí quedan los niños, las infancias destrozadas, las inocencias violadas, los sueños rotos. No eran sólo niños: muchos eran huérfanos, discapacitados, todos indefensos. A su clamor de recuperar la dignidad a través de la justicia, se les opuso un muro. Uno de obstáculos insalvables. Uno de abuso para proteger el abuso. Uno que se construyó bajo la dirección del Papa que nada sabía sobre lo que ocurría bajo su mando. Tras ese muro cómplice, quedan también protegidos los otros: los monstruos, los violadores, los pederastas condenados a la reflexión.

Para unos no hay justicia; para otros, protección. Para unos no hay compasión; para los otros, comprensión. Para unos hay soberbia; para los otros, conmiseración.
El Papa tiene una doble connotación: es jefe de Estado y es cabeza de la iglesia. Como Jefe deEstado, Juan Pablo II sería presunto criminal. Como líder de la iglesia, es un santo.
Rara iglesia esta, que canoniza a aquellos que consintieron que la institución del amor hiciera polvo el bello mandato de Jesús: dejar que los niños se acercaran a él.

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Abril 21 https://renovacion.fernandovazquezrigada.com/2014/04/22/abril-21/ Tue, 22 Apr 2014 12:47:34 +0000 http://fernandovazquezrigada.com/?p=3443 Abril 21. Ellos tenían las armas. Nosotros el valor. Ellos llevaban la muerte. Nuestra trinchera era de vida y de amor. Ellos disparaban balas. Despellejaban los sueños. Violaban nuestras calles. Nosotros sólo sabíamos del valor. Del coraje. De la dignidad. Del honor. El mar nos retiró su bendición y comenzó el desembarco de la muerte. […]

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Abril 21.

disparandoEllos tenían las armas. Nosotros el valor. Ellos llevaban la muerte. Nuestra trinchera era de vida y de amor. Ellos disparaban balas. Despellejaban los sueños. Violaban nuestras calles. Nosotros sólo sabíamos del valor. Del coraje. De la dignidad. Del honor.

El mar nos retiró su bendición y comenzó el desembarco de la muerte.

Lo soldados que habían segado la revolución se fueron: doblemente cobardes. Se quedaron los héroes. Algunos conocidos. Cientos, miles, anónimos.

Fueron héroes. Porque héroe no es quien gana, sino quien pelea sabiendo que está perdido.  Quien se enfrenta a la desproporción. El que va directo a la muerte para defender la vida de otros, que vendrán. El que no abate la mirada. Quien no abandona a sus hijos.

invasión

Cuando se puso el sol, se fue con él, con su calor, con su cobijo, la última esperanza.

 

La isla, desde el horizonte, volvió a atestiguar, muda de sal y de horror, el sacrificio.

 

No había forma de ganar, pero tampoco de perder.

 

Veracruz se adelantó a Hemingway. Una ciudad puede, sí, ser destruida. Pero jamás derrotada.

 

Hasta la fecha.

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Colate tiene razón https://renovacion.fernandovazquezrigada.com/2014/04/09/colate-tiene-razon/ Wed, 09 Apr 2014 16:21:26 +0000 http://fernandovazquezrigada.com/?p=3401 Debo ser cuidadoso. Haré tres aclaraciones previas: 1) Mi madre no tiene nada que ver con mis escritos. 2) Mi empresa está integrada mayoritariamente por mujeres. 3) Soy abogado y he estudiado las fuentes de desarrollo de derechos a lo largo de mi vida.   Sé por tanto, lo que digo.Soy un creyente, de a […]

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Debo ser cuidadoso. Haré tres aclaraciones previas:

Colate-11

  • 1) Mi madre no tiene nada que ver con mis escritos.
  • 2) Mi empresa está integrada mayoritariamente por mujeres.
  • 3) Soy abogado y he estudiado las fuentes de desarrollo de derechos a lo largo de mi vida.

 

Sé por tanto, lo que digo.Soy un creyente, de a de veras, no de dientes para afuera, de la equidad de género.

Por lo mismo, afirmo rotundo: Colate tiene razón.

Colate-2

Breve contexto. Paulina Rubio, cantante mexicana de éxito, se casó con un buen mozalbete español: Colate. Así: sin apellidos. Sin nombre. Se conocieron -¿dónde más?- en Ibiza. El flechazo fue inmediato y fatal: se casaron poco después, en una boda “de ensueño” (refirieron las publicaciones más inn de México y el mundo) en la Riviera Maya.

Juzgado1A partir de esa fecha, él dejó todo lo que hacía (whatever that means). Abandonó sus negocios. Migró de su país, para instalarse en Miami, con ella. La acompañó a todos sus conciertos, sus giras, presentaciones, entrevistas.

Tuvieron, tres años después, un hijo: Andrea. Dos años después del nacimiento, se divorciaron. Colate demandó a Paulina: su manutención, el pago de estudios de su hijo, pensión alimenticia, pago de servidumbre, vacaciones anuales.

Para los efectos jurídicos, Colate es el prototipo de un nuevo tipo de rol social que está surgiendo en el primer mundo, que Paul Krugmann describe bien en una de sus obras recientes: el house husband. El hombre que se queda en casa, realiza los quehaceres y vela por los hijos, mientras la mujer trabaja y se convierte en el sustento de la familia. Se les conoce mundialmente como SAHDS (Stay at Home Dads), y se estima que son el 3% de la población de Estados Unidos. En Inglaterra el fenómeno registró un avance de más del 80% en la última década. En México hay algunos. El más famoso, a mi entender, sería Erick Rubín. (Investigaré a fondo el efecto Timbiriche como motor de cambio). Su esposa ha estado trabajando desde que yo era adolescente. Él ha sido un compositor intermitente, de disco por década. Intuyo que ella es el sostén del hogar. Bien por ellos.

Este es sólo un atisbo de una nueva generación que está cambiando la forma como se organiza la sociedad. Los roles se modifican. Las fronteras entre géneros se diluyen.

Dos botones más de muestra: las parejas DINK: doble ingresos, sin hijos (Double Income no Kids): parejas de entre 25 y 35 años, instruidas en donde ambos trabajan y deciden no tener descendencia para incrementar su patrimonio, viajar y disfrutarse mutuamente.

ChicaNo son, en absoluto, un fenómeno marginal: se estima que superan los 30 millones en Estados Unidos. La última muestra es la emergencia de un nuevo tipo de modelos: el andrógino, que lo mismo puede pasar por hombre que por mujer, utilizar prendas de ambos y fundir en una sola personalidad los roles masculino/femenino.

Ese es el mundo y no va a cambiar.  Hay que irse acostumbrando.

 

Pero volvamos a Colate. ¿Cómo respondió a la demanda Paulina Rubio? Es un hombre preparado, educado, que tuvo negocios antes del matrimonio y que puede volver a tenerlos. ¿Qué dice Colate? Los tuve, pero dejé todo para ir con mi esposa, estuve a su lado en el periodo de casados, parte de lo que ella hizo me pertenece.

 

¿Qué acciones tomó Paulina Rubio? Dos: ocultó parte de sus bienes y utilizó  sus influencias para desprestigiar al pobre Colate.

¿Suena conocida esta historia? Claro. La hemos visto millones de veces. Sólo que al revés. Y la opinión pública latinoamericana, ¿qué dice? Todo en favor de Paulina. Salvo yo.

Si la demanda fuera interpuesta por una mujer en idéntica situación, tendría razón, derechos, justicia. Si es Colate, es un miserable mantenido.

Pero la equidad, entendida constitucional y filosóficamente, debe ser garantizar las mismas oportunidades independientemente del género: de acceso a la justicia, de derechos, laborales, salariales, educativas, independientemente del género. Al menos eso es para mí. Repito: mi madre no tiene nada que ver con mis opiniones (y  menos con estas).

 

Por equidad, quien lo deseé, miénteme el padre.

 

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